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Mostrando entradas de diciembre, 2015

El encubridor ,Julio Cortázar

Ese que sale de su país porque tiene miedo, no sabe de que, miedo del queso con ratón, de la cuerda entre los locos, de la espuma en la sopa. Entonces quiere cambiarse como una figurita, el pelo que antes se alambraba con gomina y espejo lo suelta en jopo, se abre la camisa, muda de costumbres, de vino, de idioma. Se da cuenta, infeliz, que va tirando mejor, y duerme a pata ancha. Hasta de estilo cambia, y tiene amigos que no saben su historia provinciana, ridícula y casera. A ratos se pregunta como pudo esperar todo ese tiempo para salirse del río sin orillas, de los cuellos garrote, de los domingos, lunes, martes, miércoles y jueves. A fojas uno, si, pero cuidado: un mismo espejo es todos los espejos, y el pasaporte dice que naciste y que eres y cutis color blanco, nariz de dorso recto, Buenos Aires, septiembre.

Escuela León Felipe

Oí tocar a los grandes violinistas del mundo, a los grandes "virtuosos". Y me quedé maravillado. ¡Si yo tocase así!... ¡Como un "Virtuoso"! Pero yo no tenía escuela ni disciplina ni método... Y sin estas tres virtudes no se puede ser "Virtuoso". Me entristecí. Y me fui por el mundo a llorar mi desdicha. Una día oí... en un lugar... no sé cuál... "Sólo el virtuoso puede ver un día la cara de Dios". Yo sé que la palabra "Virtuoso" tiene un significado equívoco, anfibológico, pero, de una o de otra manera, pensé, yo no seré nunca un "Virtuoso"... y me fui por el mundo a llorar mi desdicha. Anduve... anduve... anduve... descalzo muchas veces, bajo la lluvia y sin albergue... solitario. Y también en el carro itinerario más humilde de la farándula española. Así recorrí España. Vi entonces muchos cementerios, y aprendí cómo se llora en los distintos pueblos españoles. Blasfemé. Viví tres años en la c

Emily Dickinson, del libro "El viento comenzó a mecer la hierba"

El agua se aprende por la sed; la tierra, por los océanos atravesados; el éxtasis, por la agonía. La paz se revela por las batallas; el amor, por el recuerdo de los que se fueron; los pájaros, por la nieve.

Ejercicio de endurecimiento del espíritu "Claus y Lucas" de Agota Kristof

"La abuela nos dice: -¡Hijos de perra! La gente nos dice: -¡Hijos de bruja! ¡Hijos de puta! Otros nos dicen: -¡Imbéciles! ¡Golfos! ¡Mocosos! ¡Burros! ¡Marranos! ¡Puercos! ¡Gamberros! ¡sinvergüenzas! ¡Pequeños granujas! ¡Delincuentes! ¡Criminales! Cuando oímos esas palabras se nos pone la cara roja, nos zumban los oídos, nos escuecen los ojos y nos tiemblan las rodillas. No queremos ponernos rojos, ni temblar. Queremos acostumbrarnos a los insultos y a las palabras que hieren. Nos instalamos en la mesa de la cocina, uno frente al otro, y mirándonos a los ojos, nos decimos palabras cada vez más y más atroces. Uno: -¡Cabrón! ¡Tontolculo! El otro: -¡Maricón! ¡Hijoputa! Y continuamos así hasta que las palabras ya no nos entran en el cerebro, ni nos entran siquiera en las orejas. De ese modo nos ejercitamos una media hora al día más o menos, y después vamos a pasear por las calles. Nos las arreglamos para que la gente nos insulte y constatamos que al fin hemos consegui

Se busca un amigo. Vinicius de Moraes

No es necesario que sea hombre, basta que sea humano, basta que tenga sentimientos, basta que tenga corazón. Se necesita que sepa hablar y callar, sobre todo que sepa escuchar. Tiene que gustar de la poesía, de la madrugada, de los pájaros, del Sol, de la Luna, del canto, de los vientos y de las canciones de la brisa.

Édith Piaf, cien años

Hace un siglo que Édith Piaf llegó al mundo, en el número 72 de la calle de Belleville, según la leyenda que ella misma alimentó, o en el hospital Thenôn de París, como prueba su acta de nacimiento. Sea cual fuera el punto exacto que la vio nacer, no hay duda de que el 19 de diciembre de 1915 marcó el inicio de la biografía de una cantante enorme atrapada en un cuerpo minúsculo, de solo 1,47 metros: Édith Giovanna Gassion. Más tarde le llegaría el sobrenombre artístico de «Piaf», que en argot francés significa «gorrioncillo». Hija de un acróbata y de una obrera de la canción de origen italiano, sus 47 años de vida estuvieron magullados por la sordidez y la necesidad, incluso en sus días de gloria, cuando toda Francia y medio mundo se emocionaba al son de «Milord» o «La Vie en Rose». La infancia de Édith Piaf transcurrió entre la miseria, la enfermedad, los prostíbulos que regentaba su abuela y los circos ambulantes donde trabajaba su padre, quien la crió cuando se ausentó su madre

Habla, memoria. Una autobiografía revisitada (Fragmento) Vladimir Nabokov

Amar con toda el alma y abandonar lo demás al destino era su sencilla norma. «Vot zapomni» [ahora,recuerda], solía decirme en tono conspirador para llamar mi atención acerca de tal o cual querido detalle de Vyra: una alondra remontándose por un cielo de cuajada y suero en cierto agrisado día de primavera; un relámpago de un día caluroso que sacaba instantáneas de una lejana hilera de árboles en plena noche; la paleta de hojas de arce sobre la arena parda; las huellas cuneiformes dejadas por un pajarillo en la nieve reciente. Como si hubiese sentido que en el curso de unos pocos años perecería la parte tangible de su mundo, cultivaba una extraordinaria conciencia de las diversas marcas temporales distribuidas por toda nuestra finca campestre. Amaba su propio pasado con el mismo fervor retrospectivo con que ahora amo yo su imagen y mi pasado.

Diario de una escritora (fragmento) Virginia Woolf

" Casi todo me atrae. Sin embargo se alberga en mí algún buscador infatigable. ¿Por qué no hay un descubrimiento de la vida? Algo para ponerle las manos encima y exclamar: "¿Es esto?" Mi depresión es un sentirme acosada. Estoy buscando: pero no, no es eso… no es eso. ¿Qué es entonces? ¿Tendré que morir sin haberlo encontrado? Y luego (como anoche, cuando atravesaba Russell Square) veo las montañas en el cielo: las grandes nubes; y la luna que se está alzando sobre Persia; tengo una grande, sorprendente impresión de que hay algo allí, que es "eso"? No es exactamente la belleza a lo que me refiero. Quiero decir que la cosa en sí basta: es satisfactoria; acabada. También una impresión de mi propia rareza, de la rareza de estar caminando sobre la tierra. "

Ser, Paul Éluard .

Con la frente como una bandera perdida te arrastro cuando estoy solo por calles heladas por cuartos negros proclamando infortunios No quiero abandonar tus manos claras y complicadas nacidas en el encerrado espejo de las mías Todo lo demás es perfecto todo lo demás es todavía más inútil que la vida Excava la tierra bajo tu sombra, un estanque junto a los senos donde hundirse como una piedra. Eugène Grindel (Saint-Denis, 14 de diciembre de 1895 - 18 de noviembre de 1952), conocido como Paul Éluard, fue un poeta francés que cultivó de manera significativa el dadaísmo y el surrealismo.
Yo no sé, mirá, es terrible cómo llueve. Llueve todo el tiempo, afuera tupido y gris, aquí contra el balcón con goterones cuajados y duros, que hacen plaf y se aplastan como bofetadas uno detrás de otro qué hastío. Ahora aparece una gotita en lo alto del marco de la ventana, se queda temblequeando contra el cielo que la triza en mil brillos apagados, va creciendo y se tambalea, ya va a caer y no se cae, todavía no se cae. Está prendida con todas las uñas, no quiere caerse y se la ve que se agarra con los dientes mientras le crece la barriga, ya es una gotaza que cuelga majestuosa y de pronto zup ahí va, plaf, deshecha, nada, una viscosidad en el mármol.  Pero las hay que se suicidan y se entregan en seguida, brotan en el marco y ahí mismo se tiran, me parece ver la vibración del salto, sus piernitas desprendiéndose y el grito que las emborracha en esa nada del caer y aniquilarse. Tristes gotas, redondas inocentes gotas. Adiós gotas. Adiós. Aplastamiento de las gotas, Julio Cortá

Coronación (fragmento) José Donoso

—Mira… —susurró Estela a Mario, señalando el pájaro que circulaba una y otra vez sobre ellos.  Mudos, continuaron contemplando el poniente de casas bajas ordenadas en patios amplios o míseros, donde palmeras casuales eran como viejísimos surtidores que aún manaban, desde épocas pretéritas en que la ciudad era diferente y sin embargo idéntica.  Estela cerró los ojos lentamente. Pero esta vez no se cerraron bajo la antigua desconfianza que a menudo los mantenía clavados en sus pies, sino que se cerraron porque sabían que nada más iban a ver que acrecentara su dicha. Un gran viento benévolo parecía haber despejado su rostro joven, donde los labios, amoratados aún con el amor, guardaban insinuaciones de sonrisa en las comisuras. Éstas se recalcaron cuando Mario, al moverse a su lado para esquivar un terrón incómodo, hizo más íntimo el contacto de sus cuerpos tendidos. Y ocultos bajo pestañas todavía húmedas, los ojos de la muchacha revisaron el recuerdo entero del día, como acaric

LA POESÍA COMO UN ARTE INSURGENTE,LAWRENCE FERLINGHETTI

Te estoy enviando señales a través de las llamas. El polo norte ya no se halla donde solía estar. El destino manifiesto ya no se manifiesta. La civilización se autodestruye. Némesis golpea a la puerta. ¿Para qué sirven los poetas en épocas como éstas? ¿Cuál es la utilidad de la poesía? La condición del mundo pide auxilio para que la poesía lo salve. Si aspiras a ser un poeta, crea obras capaces de responder al desafío de los tiempos apocalípticos, aun cuando esto signifique que tu tono sea apocalíptico. Tú eres Whitman, eres Poe, eres Mark Twain, eres Emily Dickinson y Edna St. Vincent Millay, eres Neruda y Mayakovsky y Pasolini, eres un norteamericano o un extranjero, puedes conquistar a los conquistadores con palabras. Si aspiras a ser un poeta, escribe periódicos vivientes. Sé un reportero del espacio exterior que envía sus despachos a algún editor supremo que cree en la total revelación de los hechos y tiene un bajo umbral de tolerancia ante la

Hace mucho tiempo, muy lejos. Bob Dylan

Predicar sobre la paz y la hermandad ¡Oh!, ¡cuál puede llegar a ser el precio! Un hombre lo hizo hace ya mucho tiempo y le colgaron de una cruz. Hace mucho tiempo, muy lejos, Estas cosas ya no pasan hoy en día. Las cadenas de esclavos Se arrastraban por el suelo Con las cabezas y los corazones agachados Pero esto fue en tiempos de Lincoln Y eso fue hace mucho tiempo. Hace mucho tiempo, muy lejos Cosas como ésta ya no pasan hoy en día. Las armas de guerra se dispararon salvajemente El mundo entero sangró Los cuerpos de los hombres flotaron en las orillas De océanos de barro. Hace mucho tiempo, muy lejos, Cosas como ésta ya no pasan hoy en día. Un hombre tenía mucho dinero Otro no tenía ni para comer Un hombre vivía como un rey El otro mendigaba en la calle Hace mucho tiempo, muy lejos Estas cosas ya no pasan hoy en día.

Fragmento de La Campana de Cristal de Sylvia Plath

"Vi mi vida desplegándose ante mí, mi vida como las ramas de la higuera verde [...] En la punta de cada rama, como un grueso higo morado, pendía un maravilloso futuro. Un higo era un marido y un hogar feliz e hijos y otro higo era una famosa poeta y otro higo era una brillante profesora y otro higo era Esther Greenwood, la extraordinaria editora […] Me vi a mí misma sentada en la bifurcación de ése árbol de higos, muriéndome de hambre sólo porque no podía decidir cuál de los higos escoger. Quería todos y cada uno de ellos, pero elegir uno significaba perder el resto, y, mientras yo estaba allí sentada, incapaz de decidirme, lo higos empezaron a arrugarse y a tornarse negros y, uno por uno, cayeron al suelo, a mis pies."

Herman Hesse, Obstinación.

«Supe que ser amado no es nada, que amar, sin embargo, lo es todo. Y creí ver cada vez más claro que lo que hace valiosa y placentera la existencia es nuestro sentimiento y nuestra sensibilidad. Donde quiera que viese en la tierra algo que pudiera llamarse “felicidad”, ésta se componía de sentimientos. El dinero no era nada, el poder tampoco. Veía a muchos que poseían ambas cosas y eran desdichados. La belleza no era nada; veía a hombres y mujeres bellos, que a pesar de toda su belleza eran desdichados. Tampoco la salud contaba demasiado. Cada cual era tan sano como se sentía; había enfermos que rebosaban de vitalidad hasta poco antes de su fin, y personas sanas que se marchitaban, angustiadas por el temor de sufrir. La dicha, sin embargo, siempre estaba allí donde un hombre tenía sentimientos fuertes y vivía para ellos, sin reprimirlos ni violarlos, sino cuidándolos y disfrutándolos.
Un escritor de verdad es aquel que tiende el arco a fondo mientras escribe y después lo cuelga de un clavo y se va a tomar vino con los amigos. La flecha ya anda por el aire y se clavará o no se clavará en el blanco; sólo los imbéciles pueden pretender modificar su trayectoria o correr tras ella para darle empujoncitos suplementarios con vistas a la eternidad y a las ediciones internacionales. Papeles inesperados, Julio Cortázar
Recuerdas cuando en invierno llegamos a la isla? El mar hacia nosotros levantaba una copa de frío. En las paredes las enredaderas susurraban dejando caer hojas oscuras a nuestro paso. Tú eras también una pequeña hoja que temblaba en mi pecho. El viento de la vida allí te puso. En un principio no te vi: no supe que ibas andando conmigo, hasta que tus raíces horadaron mi pecho, se unieron a los hilos de mi sangre, hablaron por mi boca, florecieron conmigo. Así fue tu presencia inadvertida, hoja o rama invisible y se pobló de pronto mi corazón de frutos y sonidos. Habitaste la casa que te esperaba oscura y encendiste las lámparas entonces.