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"La flor más grande del mundo" Relato para niños (y adultos) escrito y narrado por José Saramago

Las historias para niños deben escribirse con palabras muy sencillas, porque los niños, al ser pequeños, saben pocas palabras y no las quieren muy complicadas. Me gustaría saber escribir esas historias, pero nunca he sido capaz de aprender, y eso me da mucha pena. Porque, además de saber elegir las palabras, es necesario tener habilidad para contar de una manera muy clara y muy explicada, y una paciencia muy grande. A mí me falta por lo menos la paciencia, por lo que pido perdón. Si yo tuviera esas cualidades, podría contar con todo detalle una historia preciosa que un día me inventé, y que, así como vais a leerla, no es más que un resumen que se dice en dos palabras… Se me tendrá que perdonar la vanidad de haber pensado que mi historia era la más bonita de todas las que se han escrito desde los tiempos de los cuentos de hadas y princesas encantadas… ¡Hace ya tanto tiempo de eso! En el cuento que quise escribir, pero que no escribí, hay una aldea.

Marina Abramovic

Esta es una verdadera historia de amor entre una serbia (Marina Abramovic) y un alemán (Ulay). Una pareja de artistas que se conocieron allá por el 76´ en Ámsterdam. Fue un amor a primera vista y juntos se potenciaron creativamente dedicándose en cuerpo y alma a hacer performances poniendo el foco en la conceptualización de lo humano. Luego de vivir varios años juntos vieron que la relación llegaba a su fin y de común acuerdo hicieron la última performance titulada “Los amantes”. La idea era que Marina y Ulay empezaban a caminar por separado los dos extremos de la Gran Muralla China para luego encontrarse, abrazarse y despedirse para siempre. Una idea, tenemos que reconocer realmente increíble para terminar con una relación. Luego se separaron por 23 años, hasta que un día Marina realiza en el Moma su performance “El artista está presente” que básicamente consiste en mirar durante un minuto y en silencio a todos los que se sentaban frente a ella… hasta que de pronto el que se sienta...

Pedro Guerra

Pedro Guerra es un cantautor español (de Islas Canarias). En 1993 se traslada a Madrid para iniciar su carrera en solitario. Allí se hace frecuente de salas como Libertad 8, Teatro Alfil y actuará en multitud de locales por toda España. También colabora con otros artistas como músico y compositor, entre los que se cuentan Ana Belén, Víctor Manuel, Joaquín Sabina, Marta Sánchez, Javier Álvarez, Paloma San Basilio, Amistades Peligrosas y el grupo Cómplices. En 1995 publica su primer disco en solitario, Golosinas, grabado en directo y en el que se incluiría la canción Contamíname, que compusiera para Ana Belén. Con su segundo disco alcanzaría instalarse en lo más alto de las listas de éxitos de las radiofórmulas. Fue en 1997 gracias a Tan cerca de mí. Es un autor de lo más prolífico y los discos se suceden. Por su disco Mararía (1998) fue nominado por la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España y premio a la Mejor Banda Sonora de Obra Cinematográfica de los ...

La Pasión de Los Poetas, la historia detrás de los poemas de amor de Jorge Boccanera

Es de pólvora y seda esa niña. viera usted. Tiene labios gruesos y ojos color vino, acostumbrados a verlo todo. pero eso que mira lo ve desde otra parte; seguramente, desde el follaje pintado en la mampara, desde una celosía que alterna madera descascarada y rastros de luz; también podría ser desde el fondo de un río. ¿Quién puede saber desde qué lugar está mirando ella? En la penumbra de la habitación, tan cerca que casi se respiran, el joven Gonzalo sin que nadie se lo preg unte dice ser de Lebu, y mientras se desabrocha el cuello de la camisa trata de armar con gestos apurados una experiencia que no tiene. A él se le ocurre que el cuerpo de la joven es apenas estela, rastro de aquellos ojos; y que el cuerpo desnudo que tiene enfrente, leve como papel, está amarrado a esos ojos que pesan como un animal ajeno y vivo. Gonzalo siente un hormigueo que solo años después va a traducir en palabras, en un verso que late, se repite y martilla, en la entretela de todos sus escritos: ¿ qué...

Soul, Rafael de Cózar

La levadura de ayer cobra de nuevo sentido, venerable cadena del ser en la agonía, los secos engranajes de los dedos y el latido de luz, el éxtasis, muda visión clavada en las cuerdas donde la araña es una gota de muerte, la negra agarrotada, tiembla un cuerpo de tinta entre las telas, se tuercen las tablas, el alambre azul, más allá de donde suenan los tambores los dedos han quedado inertes sosteniendo la cúpula, arrancan latigazos en las sombras dolientes de la noche y la garganta estalla como un abanico cubierto de quejidos, asciende el odio, jadeantes dientes, la lengua duele a muchas horas pasadas en la siembra, se levanta el látigo, el aliento,

"Poema para un niño que habla con las cosas" de RAÚL GONZÁLEZ TUÑÓN

En su lenguaje de pequeños gritos,  de claras risas sueltas, porque sí,  como el trino.  De silencios vehementes.  de interjecciones adorables.  Viajando y preguntado con los ojos. Radiante como el bebé que posara hace años,  ¡muchos años!... para el afiche del jabón Cadum que yo vi en las esquinas de un parís inefable,  Adolfo Enrique habla con las cosas,  conversa con las flores de al tela estampada,  con sus juguetes diminutos,  con las navizas de un vecino huerto,  con el durazno en flor pintado

II Miles Davis en el Calabozo, Óscar Hahn

Los tornados me dan el viento que necesito para tocar mi trompeta Oh toque delicado que a vida eterna sabe Y vi que por la ventana del calabozo entraba un halo de luz y que en el aire flotaba una Aparición fulgurante (Son alucinaciones de la droga Dios mío) Para ahuyentar al espectro tomé mi trompeta y toqué Y mientras tocaba el rostro de la Aparición tenía una expresión de éxtasis y dijo: “La música callada la soledad sonora” Sentí que me crecían alas en la espalda y empecé a levitar Entonces apareció un graffiti en lo alto de la pared Que decía: Qué bien sé yo la fuente que mana y corre aunque es de noche Y la sangre que manaba de mi cabeza por los golpes que me dio el policía iluminó la celda y dejó de correr alrededor de la medianoche.